Hidratación, alimentación y atención lo que dice el cuerpo.
El verano invita a pasar más tiempo al aire libre, modificar rutinas si hay tiempo para descansar y disfrutar de comidas frescas. También, implica un mayor desafío para el organismo. Las altas temperaturas impactan en el cuerpo y, si no se incorporan algunos cuidados básicos, pueden generar malestares que van desde la deshidratación hasta la aparición o el agravamiento de dolores en la cabeza. En esta época del año, protegerse del sol, sostener una hidratación adecuada y escuchar las señales del cuerpo resulta clave para preservar la salud.
Una de las claves para el cuidado frente al calor es la hidratación. Es recomendable beber al menos dos litros de agua por día, aunque las necesidades varían según la edad, la actividad física y la exposición a temperaturas extremas. “En verano, el cuerpo pierde más líquidos y es fundamental reponerlos de manera constante”, señaló Diego Querzé, nutricionista y Jefe de Nutrición en Enfermedades Neurológicas de Fleni No se trata solo de esperar a tener sed, sino de incorporar el agua a lo largo del día, junto a las comidas y también antes, durante y después de realizar actividad física.
Además del agua fresca, se puede optar por aguas infusionadas con limón, menta o frutas, o por infusiones frías como el té verde o el hibiscus, que pueden ayudar a variar el consumo sin recurrir a bebidas azucaradas o alcohólicas, que favorecen la deshidratación. En el plano de la alimentación, es bueno para el organismo priorizar frutas y verduras de estación ya que aportan agua, vitaminas y minerales. En tanto, las carnes blancas, como el pescado o el pollo, y los cortes magros de carne roja pueden digerirse mejor en días de calor intenso.
Estos cuidados cobran especial importancia en niños y adultos mayores, que muchas veces no registran la sed con la misma intensidad. Ofrecerles agua de manera frecuente o frutas frescas cortadas puede prevenir cuadros de deshidratación con consecuencias serias. “Mantener una buena hidratación y elegir alimentos frescos y preparaciones livianas ayuda a prevenir malestares”, resumió el especialista.
Un dato no menor es protegerse de largas horas de exposición al sol o de hacerlo en las horas de mayor radiación. Usar protector solar y ropa adecuada contribuye a reducir el estrés térmico que sufre el organismo y a disminuir el riesgo de golpes de calor, un cuadro que puede presentarse de manera súbita y requiere atención médica.
El impacto del calor en las migrañas
El aumento de la temperatura no solo afecta el equilibrio del agua en el cuerpo. En muchas personas, especialmente en quienes viven con migrañas el calor puede actuar como un factor desencadenante. María Teresa Goicochea, médica y jefa del Servicio de Cefaleas del Departamento de Neurología de Fleni, advirtió que es importante desmitificar estas dolencias. “La migraña no es solo un dolor de cabeza. Es una enfermedad neurológica que puede venir acompañada de hipersensibilidad a la luz o al ruido, náuseas e incluso vómitos, y que impacta en la vida social, laboral y personal de quienes la padecen”, explicó. Por eso, la necesidad de un diagnóstico adecuado y un seguimiento integral para mejorar la calidad de vida de cada paciente.
En Argentina, alrededor del 10 % de la población sufre migraña y las mujeres la presentan con una frecuencia tres veces mayor que los varones. Durante el verano, la deshidratación, los cambios en los horarios de sueño y la exposición prolongada al sol pueden favorecer la aparición de crisis. Goicochea subrayó la importancia de sostener hábitos de cuidado y de consultar de manera temprana ante síntomas persistentes.
El verano puede ser una oportunidad para disfrutar, pero también para reforzar la escucha del propio cuerpo. Hidratación suficiente, alimentación fresca, protección solar y atención a señales físicas son clave en esta época de altas temperaturas, y parte de una estrategia de cuidado integral que ayuda a transitar los meses de calor con mayor bienestar.




